Tumbes, Perú – Perú y Venezuela son dos países con historias y culturas hermanadas. También están unidos por el reconocimiento mundial logrado por sus ricas gastronomías, que en la actualidad sirve para integrar no solamente los sabores sino también a comunidades enteras.

Marylin Guzmán, es una madre soltera de 42 años con dos hijos. Recuerda el momento en el que llegó a la ciudad norteña de Tumbes cinco años atrás tan solo con una valija: “Comenzar en ese lugar fue todo un desafío”. A pesar de contar con años de experiencia en el área de la administración de negocios en su país, a su llegada Marylin no tuvo más opción que la de aceptar un trabajo no formal como vendedora callejera de café.

“Un trabajo no necesariamente te da estabilidad. Pero tener tu propio negocio sí te brinda una base mucho más firme”, agregó.  

“Uniendo sabores” brinda capacitaciones en gastronomía, habilidades empresariales, marketing y finanzas a peruanos y migrantes. Foto: OIM/Gema Cortes
Para la peruana Yanina Tello, los intercambios gastronómicos con los venezolanos le han enseñado a fusionar platos. Foto: OIM/Gema Cortes

Marylin tomó la firme decisión de convertirse en su propia jefa y fue así que se cruzó con Uniendo Sabores, una iniciativa que promueve el intercambio cultural por medio de talleres sobre gastronomía y panadería, complementados por cursos de marketing y emprendimientos. Dotando a peruanos y migrantes de capacidades para emprendimientos, el proyecto enriquece el paisaje culinario de Perú y a la vez promueve la comprensión entre culturas, fomentando la inclusión laboral y la generación de medios de subsistencia sostenibles.  

Recién en el momento en el que Marilyn fue aceptada en el taller se dio cuenta de que podía llevar su pequeño negocio al siguiente nivel. “Yo había estado trabajando por cinco años… y sin ningún tipo de organización”, recordó, hablando desde la pequeña cocina de Uniendo Sabores. “Esta capacitación me ha permitido darme cuenta que puedo hacer más y seguir creciendo”.

Por otro lado para la peruana Yanina Tello, quien cocina para eventos, los intercambios gastronómicos con venezolanos la ayudarán a expandir su pequeño negocio, incluyendo una fusión de platos peruanos y venezolanos. “He aprendido a cocinar arepas (tortitas venezolanas de maíz); ahora les pongo rellenos peruanos”, comentó.  

Coordinado por Gastrosofia, un centro de estudios técnicos, con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el curso de dos meses brinda capacitación básica en gastronomía, habilidades empresariales, finanzas y marketing, tanto a peruanos como a migrantes. Desde que el programa empezó en septiembre de 2022, ha ayudado a brindar a unos 490 emprendedores migrantes novatos las capacidades necesarias para contar con un medio de subsistencia y para poder progresar.

“Después de estos cursos, las personas se insertan en el mercado laboral y otras generan nuevos emprendimientos. A veces tras los talleres, venezolanos y peruanos se unen y establecen negocios conjuntamente”, dijo Yeraldin Salvador, Asistente de Proyecto de la OIM en Tumbes, poniendo de relieve que los cursos son certificados por el Ministerio de Educación, “lo cual permite que las personas encuentren trabajo con mayor facilidad”.

Uniendo Sabores le ha brindado capacidades gastronómicas a 490 migrantes. Foto: OIM/Gema Cortes
Preparando cordero asado, un plato típico de Perú. Foto: OIM/Gema Cortes

Perú es el segundo país del mundo con la mayor población de personas migrantes y refugiadas de Venezuela: más de 1,6 millones de personas que representan una fuerza vital para la riqueza cultural y económica de Perú.  

Gran parte del trabajo de la OIM con los migrantes y refugiados de Venezuela en toda América del Sur se enfoca en la integración, dándoles a esas personas las herramientas que necesitan para lograr auto-suficiencia y poder ayudar a sus países de origen. Debido a que un ingreso regular es la base sobre la cual se construye la estabilidad, los programas como el mentoreo de incubación de negocios en Tumbes son una parte esencial de tales esfuerzos.

Para Lucy Montanez, de 29 años, Uniendo Sabores ha demostrado ser un paso fundamental para su acceso a los medios necesarios para adaptar su exitoso negocio venezolano de panadería a las diferentes realidades del mercado peruano.  

“Me ha ayudado a avanzar y a integrarme. Aprendí el modo de mejorar mis recetas e integrar a las mismas los sabores locales”, dijo ella en su pequeña cocina mientras preparaba una torta de crema que le habían encargado. Lucy pudo duplicar su volumen de ventas y el capital semilla le ha permitido comprar un horno más grande.

Lucy Montanez en su exitoso negocio venezolano de panadería. Foto: OIM/Gema Cortes
Marylin Guzmán vendiendo café en una esquina en Tumbes, al norte de Perú. Foto: OIM/Gema Cortes

El fortalecimiento institucional y los intercambios entre emprendedores peruanos y venezolanos enriquecen la oferta gastronómica en la zona norte del país, ayudan a cientos de familias a conseguir el apoyo que necesitan y favorecen una mejor convivencia en el seno de las comunidades.

"Necesitamos emerger. Uniendo Sabores nos brinda un espacio muy importante porque nos enseña y nos capacita para avanzar con una iniciativa o una idea comercial”, dijo Jorge Rodríguez, estudiante venezolano cuyo sueño es comenzar su propio negocio y convertirse en chef.

Esta historia fue escrita por Gema Cortés, Unidad de Prensa de la OIM, Oficina del Enviado Especial para la Respuesta Regional a la Situación en Venezuela.

Estudiantes de gastronomía muestran varios platos peruanos. Foto: OIM/Gema Cortes
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